
1.- Análisis formal
Soporte:
Lienzo; dimensiones (146x114)
Técnica:
Óleo
Composición:
Triangular: los brazos conforman dos lados de un triángulo cuyo vértice superior es la cabeza y los vértices inferiores las manos.
Línea:
Líneas rectas y curvas que se combinan dando tensión a la obra y enfatizando su composición.
Color:
Colores realistas sobre fondo neutro en tonos azulados
Luz:
Luz uniforme destacando la cabeza
Textura:
Textura uniforme, lisa.
2.- Análisis iconográfico
2.1.- Lectura preiconográfica
La obra objeto de estudio presenta una figura masculina anciana en pie, de medio cuerpo, de tamaño superior al natural, con los brazos extendidos y toda ella envuelta en un fondo neutro de tonos azulados.
La cabeza del personaje está levemente girada hacia la izquierda; el rostro es el de un anciano con cabello corto de color grisáceo peinado hacia la derecha, mirada penetrante dirigida hacia el espectador, bigote del mismo color que el cabello y expresión serena en un rostro marcado por las arrugas. El cuerpo está inclinado hacia el hombro izquierdo, que permanece caído mientras el derecho se tensa. Los brazos están abiertos y las manos semicerradas.
La indumentaria está compuesta por un collar de cuero alrededor del cuello, camisa blanca de manga larga desabrochada que deja ver un pecho desnudo alrededor del cual se dispone un arnés de cuero de cinco tramos, con dos tachuelas metálicas en cada uno de sus extremos, y unidos entre sí por una argolla metálica a la altura del torso. Bajo el pantalón verde y cinturón de cuero negro desabrochados, se deja entrever la ropa interior, calzoncillos largos azul claro, también desabrochados y que insinúan parte de un pene erecto.
2.2.- Identificación iconográfica
El sujeto retratado es un hombre de avanzada edad, con bigote y pelo cano, y ropa desabrochada bajo la cual hay una serie de elementos relacionados con el mundo BDSM (Bondage; Disciplina; Dominación-Sumisión; Sadomasoquismo).
La cara del sujeto revela una mirada penetrante pero a la vez una expresión serena, segura de lo que hace y de lo que está enseñando. Los ojos mirando al observador buscan su complicidad con el espectador y hacerle partícipe de sus deseos más íntimos. A su vez, los rasgos de los labios, esbozando una leve sonrisa dentro de una mueca neutral, incluso seria, vuelven a insistir en la búsqueda de una complicidad, en la muestra con picardía de un secreto íntimo, de una práctica oculta que definiremos ahora, pero que choca con la expresión patriarcal y casi hierática. Esto viene reforzado por el cabello bien peinado y el bigote cuidado y recortado, que nos muestran que el sujeto cuida su aspecto e imagen. Lo mismo ocurre, como veremos, con la ropa, limpia, apenas arrugada a pesar de estar ya desabrochada.
El siguiente elemento que llama la atención es el collar de cuero que tiene anudado al cuello. Este es un elemento típico de la cultura BDSM.
En el mundo BDSM el collar, de cuero o metal, simboliza la entrega. Su forma varía mucho, desde collares elaborados (normalmente usados en exhibiciones), estilizados o bastos y de castigo; se pueden usar en público en privado en función de cuánto quiere el sujeto hacer ver su condición de sumiso. Suelen llevar uno o varios ganchos para complementarlos con un tirante-guía o cadenas, que el dominante usa para manejar o inmovilizar al dominado. Su uso simbólico se da fundamentalmente en las relaciones D/s (dominación-sumisión, es decir, las que incorporan elementos de cesión erótica de poder).
El collar es un elemento que se lleva voluntariamente y muestra la decisión del sometido a someterse a un Master, de entregarse plenamente a él, en muchas ocasiones no sólo a efectos eróticos o sexuales.
Los collares tienen varios significados para la gente en la comunidad BDSM. Una persona que lleva un collar lo puede hacer para mostrar a los demás que él o ella son sumisos. Llevar un collar puede ser un signo hacia los demás que el que lo lleva es “posesión”, dentro de la relación, de un dominante, y que quien lo lleva ha sido formalmente “anillado”. También puede ser un potente y tangible símbolo de la propia relación o del poder de dominación del Master sobre el sumiso. Además un collar con cerradura puede simbolizar la transferencia del poder del sumiso al dominante a través de la posesión de la llave.
El collar no es un elemento que se lleve necesariamente todo el tiempo; algunos sumisos sustituyen el collar de dominación por otros más discretos y asimilables a un complemento del vestir habitual, sobre todo si se trata de la “dominación 24/7” (24 horas al día, 7 días a la semana); en otros caso el collar sólo se lleva en privado con la pareja o con otros miembros del mundo BDSM.
Sin embargo, en la última década y paralelamente al uso de collares de este tipo como elemento de moda entre los jóvenes, se advierte un uso menos ritualizado pero no por ello menos simbólico. Por ello, quizás, muchas personas dentro de la comunidad BDSM portan un collar D/s en fiestas, eventos, etc., no ya como muestra de una relación de sumisión existente, sino como prueba de su estatus de sumisión. Igual ocurre con las personas sadomasoquista, que ni busca ni desea una relación BDSM, incluso con la mujer dominante, que puede portarlo como símbolo de identidad genérico. En la D/s, sigue siendo un elemento de simbólica trascendencia, y su entrega y aceptación suele ir unida a ceremonias y rituales específicos.
La indumentaria “exterior” del sujeto refleja, como ya dijimos antes, el hecho de ser una persona de apariencia formal (asociando las camisas a la formalidad en el vestir), pulcra (al no observarse manchas en la camisa, perfectamente planchada y casi sin arrugas a pesar de estar ya desabrochada); los brazos están extendidos y las manos semiabiertas, en actitud de querer continuar desnudándose y mostrarnos su faceta más íntima y desconocida.
Bajo la camisa el sujeto lleva colocado un arnés de cuero negro con tachuelas, de cinco tramos unidos entre sí por una argolla metálica a la altura del pecho. Cuatro de estos tramos se disponen alrededor del torso, mientras que un quinto va desde el pene (donde se supone que hay otro anillo que se coloca en el mismo a modo de sujeción) hasta la argolla que los une todos. El arnés es otro elemento característico del mundo BDSM, muy usado y apreciado en escenarios S/M y D/s, consistente en tiras de cuero y/o metal que enlazan el torso, con ciertas reminiscencias de la imagen que se tiene de los gladiadores romanos y de un atuendo "esclavista". Se basa en enlazados de cuero y cadenas finas de metal, que dejan libre los senos. Los varones sumisos también los suelen usar, con algunas variantes. En su versión "gladiador romano", es muy celebrado en la escena S/M homosexual masculina. Al igual que en el collar, los anillos y ganchos se pueden emplear para unir más tiras de cuero, cadenas, o para atar al sumiso a un punto como parte del juego. Estas tiras de cuero en ocasiones están unidas a otras partes del cuerpo bien para aumentar la sensación de estar atado, bien para dar más dolor, por estar apretado entre las tiras, o bien para unirlas o pasarlas por los órganos genitales. En el caso que estamos analizando, una de las tiras parte de la anilla del pecho y termina en otra anilla que se inserta en los genitales. Esta práctica puede ser considerada dolorosa, pero ayuda a mantener la erección al concentrar la sangre del pene, que efectivamente se muestra erecto.
Los pantalones desabrochados y la ropa interior que muestra parte de los genitales son un símbolo de esa intimidad que se quiere mostrar. El personaje se despoja de su apariencia exterior, social, para mostrarnos un mundo interior diferente y difícilmente imaginable. La lectura es doble, por un lado nos habla del vigor sexual que se disfruta en la vejez, que a esa edad es posible todavía disfrutar del sexo y llevar una vida sexual activa; y por otro el hecho de mostrar una vida sexual en una sociedad de doble moral, todavía reprimida en cuanto temas sexuales pero donde el sexo, explícito o implícito, brota por doquier. Esa vida sexual impacta no sólo por el hecho de ser mostrada, sino porque además muestra una parte de las posibilidades del sexo y el erotismo que es poco conocida y en ocasiones incluso temida, como son las prácticas BDSM.
2.3.- Interpretación iconológica
Todo lo expuesto anteriormente nos lleva a buscar el contexto en el que se ubica la obra, que parte de la revolución sexual de mediados del siglo XX y la crítica de la sociedad a través de prácticas sexuales “tabú” (como la masturbación o la penetración anal) hechas por los movimientos de vanguardia desde principios del siglo pasado.
Sin embargo, esta obra va mucho más allá y debe ubicarse en los procesos que siguieron a estos movimientos y que culminaron a finales del siglo XX y principios del XXI en una mayor apertura hacia prácticas sexuales de todo tipo (pero seguras y con mutuo consentimiento), que al fin y al cabo suponen el cumplimiento y continuidad de las aspiraciones de quienes iniciaron la revolución sexual. Y va más allá de la crítica que busca escandalizar por cuanto lo que nos muestra es la “normalidad” de una actividad realizada por una persona socialmente “normal”, como pueda ser un anciano.
Por tanto, habrá que mirar desde varios puntos de vista contextuales esta obra para entenderla perfectamente: la revolución sexual; la crítica a las convenciones sociales y a la doble moral con respecto al sexo; la liberación sexual por parte de colectivos diferentes al “sexo heterosexual convencional” (cultura BDSM, movimientos gay y lésbico); la puesta en valor del colectivo de la tercera edad como personas capaces de tener una vida plena no dependiente ni achacosa; la búsqueda de una verdadera libertad personal, alejada de formalismos, que busque el respeto y se haga respetar por sí misma.
El término revolución sexual hace referencia al profundo cambio ocurrido en la segunda mitad del siglo XX en el mundo occidental en cuanto a la concepción de la moral sexual y el comportamiento sexual humano en general. Popularmente el término se identifica con una liberalización de las costumbres y una creciente igualdad entre los sexos partiendo de las décadas de 1960 y 1970. Además de acabar con la discriminación sexual hacia la mujer (que deja de tener un rol secundario como persona que da placer al hombre para convertirse en un ser humano que da, recibe y exige placer a su cónyuge), con la revolución sexual se fueron normalizando una serie de prácticas sexuales hasta el momento consideradas tabú y prácticamente recluidas al ámbito de la psiquiatría (se consideraba que quienes gustaban de estas prácticas eran personas con problemas psicológicos e incluso psiquiátricos). El amplio mundo BDSM surge aquí como una cultura sexual de pleno derecho, libre de prejuicios que asociaban estas prácticas a la maldad humana o a instintos asesinos; quienes lo practican lo hacen siendo plenamente conscientes de lo que hacen y por el mero gusto de hacerlo y sentirse así. Paralelamente surgen las prácticas de intercambios de parejas, la hipersexualidad deja de ser una “enfermedad”, y comienzan las reivindicaciones de los colectivos gay y lésbico, que aportan nuevas y amplísimas realidades al panorama sexual, ya que al “normalizarse” la homosexualidad y dejar de ser un delito o una patología se abren nuevas posibilidades de relaciones interpersonales entre las que cobra mucho peso la bisexualidad.
Paralelamente a todo esto, los diferentes movimientos artísticos y literarios del siglo XX han buscado igualmente la liberación estética de la sociedad de las ataduras victorianas en las que todavía está encorsetada. Wedekin en los años 30 antes del dadaísmo se masturbaba en un pequeño cabaret como contrarespuesta a las imposiciones morales protestantes, Swarzkogler y muchos otros promovieron las prácticas sadomasoquistas como modo de respuesta al orden político de la sociedad de los 60'. Así el sexo se utiliza como vía de canalización de inquietudes artísticas o reinvidicaciones sociales, como Vito Acconci en su performance-instalación seed, o Abramovic, en sus últimos videos críticos con su región de origen Croacia donde se descubre los pechos vestida con el atuendo popular de su región.
Por último, el aumento de población perteneciente a la denominada “tercera edad” ha propiciado la aparición de toda una industria destinada a los servicios de un colectivo social generalmente relegado en la soledad de sus casas y asilos. Los ancianos disfrutan ahora de muchos servicios, facilidades y oportunidades que hace unos años eran impensables, todo ello motivado por un aumento de la esperanza de vida y la necesidad de dar calidad de vida a ese sector de la población. Por tanto, la vejez se muestra como una etapa de plenitud vital en vez de un ocaso de achaques y enfermedades que acaban por inutilizar cuerpo y mente. Y esta plenitud inevitablemente acaba trasladándose al terreno sexual-afectivo, con la revalorización de la vida sexual de la tercera edad (desapareciendo el concepto de “viejo verde”).
En definitiva, la obra es una oda a la libertad personal, a la libertad de elegir la opción y actividad sexual que uno prefiera, siendo consciente de ella y de sus limitaciones, y huyendo de los tabúes de una sociedad que mira para otro lado ante estas realidades a pesar de formar parte de los deseos más íntimos y ocultos.
3.- Análisis funcional y sociológico
3.1.- Intención, Representación y proceso investigador
La intención de esta obra va en la línea general de todo lo expuesto hasta ahora, es decir, mostrar una búsqueda de la liberación personal a través de la muestra de prácticas sexuales poco habituales realizadas por sujetos que convencionalmente no se suelen asociar a estas prácticas. El hecho de elegir un anciano suma a todo lo dicho el hecho de volver a insuflar vida activa a la vejez, y que también representa el punto de inflexión entre las rígidas dobles morales y la apertura hacia nuevas realidades sexuales. Las personas mayores, por su formación y circunstancias han sido tradicionalmente reacias a la novedad; sin embargo, precisamente por ese ambiente general de rechazo hacia lo nuevo, o más bien, lo que pudiera socavar su modo de vida tradicional, se reprime una sexualidad latente que hoy día está saliendo a la luz. Así encontramos personas socialmente “normales” que buscan ambientes íntimos y anónimos para realizar esas actividades que resultan chocantes, cuando no rechazadas, ante los convencionalismos sociales
Todo el proceso de investigación desarrollado en torno a la obra parte de la búsqueda de esas otras realidades, de esas otras bellezas que se alejan del academicismo tradicional y que nos remiten también a una sociedad que ansía unos cánones de belleza bastante complicados de encontrar simultáneamente. El hecho de elegir los ancianos viene de una reflexión que invierte el tema de la “vanitas”: el anciano en el arte, sobre todo en el barroco, ha representado el paso del tiempo y la inutilidad de preocuparse por la belleza física, que es corruptible, y la necesidad de formarse una vida interior rica. Pues bien, ahora la propia “vanitas”, ese anciano corrompido que se niega a perder su belleza, la ha recuperado y se le da el derecho de mostrarla y además disfrutar con ello, de ahí que los ancianos del artista no sean figuras deprimidas por su edad y la proximidad de la muerte, sino hombres felices por verse nuevamente valorados como figuras bellas.
3.2.- Valoración
3.2.1.- Valoración Subjetiva
Esta obra supone un paso más en mi proceso de investigación de las libertades personales, de la búsqueda de esas realidades obviadas por la sociedad, de esas dobles morales que poseen incluso quienes practican esas actividades. En definitiva, la continuación de una línea empezada hace tiempo y con la que pretendía dar un paso más en la búsqueda de la belleza artística y a partir de ella, hacer una crítica social al mundo de las sexualidades reprimidas y autorreprimidas, partiendo inicialmente del mundo homosexual y extendiéndolo a todos los ámbitos sexuales.
3.2.2.- Valoración Objetiva
A continuación incluyo comentarios de quienes hasta el momento han visto la obra:
- “Sencillamente genial, me encanta la expresión de la cara”
- “La cara es impresionante, es tan chocante el contraste entre la cara tan serena y luego el cuerpo semidesnudo”.
- “Muy bueno el contraste entre lo que se ve y lo que se quiere enseñar”
3.3.- Repercusión
3.3.1.- En el entorno presente.
La obra forma parte de una instalación que será expuesta al público en la sala GB de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla a mediados de Mayo, en una exposición organizada por la UGT (Ciclo de Artistas Jóvenes Andaluces). La instalación, denominada “Dark Room” (cuarto oscuro), mide 3,20 x 2,80 m2, ubicado a uno de los lados del nicho que está en el lado menor de la sala. La instalación consiste en un prisma cerrado de madera de las dimensiones citadas en planta y de 2,50 m de alto. En su interior, unas divisiones de 1,40 m de largo crean un pequeño recorrido que termina en una cabina, separada del resto por un elemento opaco a precisar. En dicha cabina se proyectará un video que pretende ser una reflexión crítica sobre lo oscuro, o mejor dicho la oscuridad sea la metáfora de la necedad con la que la sociedad cree interpretar los temas o simplemente los obvia o clasifica en función de sus prejuicios. Para hacer más cómodo el visionado del video se dispondrá un elemento de apoyo con carácter escultórico.